Gracias a la iniciativa y valentía de los padres, el niño puede cambiar de colegio. A partir de entonces y con un gran esfuerzo tanto de los padres como de los profesores, el niño empieza a interesarse en sus tareas y a mejorar sus notas sustancialmente, hasta el punto que el niño llega a un momento en el que quiere ir todos los días al colegio.
Después de analizar esta situación deducimos que necesariamente los maestros y padres deben remar en una misma dirección para la enseñanza de los alumnos puesto que si es al contrario nunca llegarán a buen puerto.
Es curioso, por otra parte, que tanto el primer colegio en el que está el niño como el segundo, sean colegios públicos, por lo que los dos tienen la misma administración, mismos sueldos, muy parecidas condiciones... y en cambio por una sola profesora cambia totalmente la visión del niño sobre esa escuela. Esto nos enseña que los niños no son los únicos culpables en su aprendizaje, los profesores tienen una gran dificultad. Por esta razón sería muy importante recordar la gran frase que nos deja el autor: "Que tu escuela sea mejor porque tú estás trabajando en ella".
Artículo
No hay comentarios:
Publicar un comentario